El mundo de las criptomonedas suele estar asociado al lavado de dinero y a la legitimación de capitales. Sin embargo, un reciente estudio de la Administración para el Control de Drogas (DEA por sus siglas en inglés), ha demostrado que la vinculación de los criptoactivos con negocios ilegales (tales como el narcotráfico, el lavado de dinero o el financiamiento del terrorismo) ha disminuido más de un 80% en relación con el año 2013.

En sus inicios, el Bitcoin estuvo relacionado con transacciones provenientes de mercados ilícitos

En este sentido, cuando el Bitcoin comenzó a popularizarse en el mercado, hace más de cinco años, el rastreo y seguimiento de la estructura de su Blockchain logró demostrar que cerca del 90% de las transacciones, asociadas a esta moneda virtual, provenían de organizaciones criminales. Ahora, en el 2018, la situación se ha revertido al punto de que las transacciones que pudieran provenir de vías ilícitas apenas  llegan al 10%.

La participación de las organizaciones delictivas en el mercado de los criptoactivos, se debió a la concepción errónea de que la tecnología blockchain no es rastreable. En este orden de ideas, la DEA ha señalado que por el contrario, esta tecnología es una aliada de la Ley, pues permite el seguimiento o rastreo de cada uno de las operaciones que se realizan sobre la cadena de bloques. En este sentido, Lilita Infante, agente especial adscrita a la DEA, ha señalado que incluso es posible rastrear el origen de aquellas transacciones realizadas con monedas que pretenden ser anónimas como Monero y Zcash.

La migración de las criptomonedas a la licitud

Al respecto, Infante señaló que el negocio del Bitcoin y otras monedas virtuales ha migrado a la licitud. Al punto, de que la gran mayoría de los capitales que se mueven en este mercado son completamente legítimos. A ello, agregó que:

«…la cantidad de transacciones y el valor en dólares ha crecido enormemente a lo largo de los años en la actividad criminal, pero la relación ha disminuido (…). La mayoría de las transacciones [con criptomonedas] se utilizan para la especulación de precios».

La especulación, si bien no es una actividad ilícita per se, sigue generando mucha desconfianza en el mercado de las monedas virtuales. Esto se debe a que mediante la compra inescrupulosa de criptomonedas, se puede aumentar o disminuir el precio de mercado del activo, sin que medie un justificativo real para tales variaciones.

Por lo pronto, la DEA no espera que desaparezca el uso de las monedas virtuales, en especial del Bitcoin, en transacciones ligadas a hechos delictivos. Esto, en razón de la comodidad que plantea realizar las transacciones con este activo a través de medios como la deep web o internet profunda, que en principio garantizan cierto anonimato. No obstante, Infante se muestra optimista en que los delincuentes mantengan su práctica de acudir a las criptomonedas para realizar sus actividades ilícitas, pues:

«Blockchain en realidad nos da muchas herramientas para poder identificar a las personas (…). De hecho, quiero que sigan usándolas».